Recibir al Espíritu Santo en nuestra vida es una bendición inigualable.  ¿Pero cómo podemos conseguirlo? Sencillo: la respuesta está en el orar al Espíritu Santo, enfocar nuestra mente en Jesús, leer diariamente la Biblia, ser obediente ante la voluntad de Dios y, claro está, alejarse de la tentación y no ceder ante ella.

Aunque claro, esta sería tan sólo una respuesta superficial. Para poder obtener una respuesta más amplia hay que observar las cosas desde una perspectiva opuesta, enfocada en cuándo recibiríamos menos al Espíritu Santo en nuestra vida.  Es decir, aquello a lo que el apóstol Pablo se refería con “apagar el espíritu”.

Recibir al Espíritu Santo

Para poder comprender lo ya dicho es indispensable estar consciente de que en la Biblia, especialmente en los escritos de San Pablo, se establece una diferenciación entre lo que es el espíritu y la carne.

Cuando se habla de la carne se está hablando de la persona, de su cuerpo, el cual independiente del Espíritu Santo. Mientras que, según San Pablo, espíritu se refiere a una persona que ha recibido el Espíritu Santo en su cuerpo, es decir “la carne”.

Sin embargo, hay que estar muy atento en este punto con las malinterpreteaciones, ya que recibir al espíritu no implica que la carne no se incluya. Ésta siempre está presente y, al igual que el espíritu tiene una voluntad hacia la cual intenta atraernos.

Es sobre esa voluntad cuando se habla de los deseos de la carne. Por lo general estos tienden a ser banales, lo que no sólo está alejado de los deseos del espíritu, sino que también nos aleja del Espíritu Santo.

Con esto podemos llegar a la conclusión de que para evitar “apagar el espíritu”, hay que evitar ceder antes las tentaciones y ante la atracción generada por la carne. Como buenos cristianos, bajo cualquier circunstancia, lo mejor que podemos hacer es cerrar tanto nuestros ojos como oídos ante la llamada del pecado y entregarnos al espíritu santo para que éste sea nuestro guía. Valiéndonos siempre del camino de la oración y la pureza.

Oración

Ven Espíritu Santo
Y ten piedad de nosotros.
oye nuestra voces
espíritu redentor del mundo.
Tú que vienes junto al Padre y del Hijo

bendícenos en tu alabanza.

espíritu de Israel, espíritu todopoderoso. Amén.

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